Me reconozco estudioso de los sonidos, los busco en cualquiera de sus manifestaciones. Obsesionado con ellos y su envolvente, los persigo, manipulo, saturo, esculpo o silencio. Y para ello utilizo cualquier herramienta, el saxofón, mis manos, mi voz, mis sentidos, mi cuerpo en definitiva.

Atiendo al tiempo real del sonido, esa suma de instantes críticos gracias a los cuales existe la música, creyendo en la crisis como motor de vida; por ellos respiramos, crecemos, vivimos, soñamos. La Crisis es el estado natural del Arte.

Sin embargo hay zonas de mi personalidad musical que se escapan por las rendijas, porque en definitiva el arte es o no es, la música existe o no existe. La búsqueda de sus secretos es mi búsqueda.

La experiencia musical en sí es mi medio para obtener conocimiento del mundo y de mí mismo, ocupando y organizando su dimensión primigenia: el tiempo.

Desde hace veinticinco siglos el saber occidental intenta ver el mundo. Todavía no ha comprendido que el mundo no se mira, se oye. No se lee, se escucha." 

"Hoy, la mirada está en quiebra, ya no vemos nuestro futuro, hemos construido un presente hecho de abstracciones, de no-sentido y de silencio. Sin embargo, hay que aprender a juzgar una sociedad por sus ruidos, por su arte y por sus fiestas más que por sus estadísticas. Al escuchar los ruidos, podremos comprender mejor adónde nos arrastra la locura de los hombres y de las cuentas, y qué esperanzas son todavía posibles."

Jacques Attali, RUIDOS
Ensayo sobre la economía política de la música
siglo veintiuno editores, s.a.